Ha terminado la octogésima edición de la Vuelta Ciclista a España con el triunfo de un ciclista español, hecho inédito desde el año 2014 en el que ganó Alberto Contador. Este año ha sido el balear Enric Mas quién por fin se ha llevado el triunfo. Nadie dábamos un duro por Enric dados los antecedentes desafortunados del ciclista balear en todas las grandes que disputaba pero esta vez nos ha callado la boca a todos los que no confiábamos en él. Justo y merecido vencedor. Y la caída de Pogie son cosas que pasan en ciclismo y hasta ahora no le había pasado nada desafortunado en una grande. Ya nadie se acuerda de la caída de Vingegaard en el Tour y sin embargo algunos lamentan hasta la saciedad la caída del esloveno en la Vuelta.
La Vuelta ha tenido dos partes
claramente diferenciadas: con Pogacar y sin Pogacar. Con Pogacar era todo un
monólogo. Si el esloveno quería ganar la etapa, la fuga del día iba encaminada
al fracaso. Era un monólogo de superioridad absoluta. Quería ganarlo todo: la
general, los puntos, la montaña. No dejaba ninguna migaja para el resto. Llegó
el día de la octava etapa entre Puçol y Xeraco y se cayó él solo, cosa inédita
en su carrera y tuvo que abandonar por fractura de clávicula entre otros
desperfectos.
A partir de ese día la carrera
se abrió y resultó más competitiva. Las fugas tenían éxito la gran mayoría
porque el líder no estaba obsesionado con ganar etapas sino con conservar el
maillot rojo cada día y los ciclistas competían y había más oportunidades para
equipos más modestos. De ahí que se produjeran triunfos como Tronchon en Elche
de la Sierra, Omrzel en Calar Alto o Brenner en Sierra de la Pandera, los
cuales no se hubieran producido estando el esloveno Tadej Pogacar en carrera.
En este sentido la carrera se convirtió en más espectacular y divertida.
Enric Mas cogió el liderato
después de la caída de Pogacar y no lo soltó desde entonces. Ha sido el más
fuerte en las etapas de montaña pero sin destacar mucho sobre el resto. Se ha
visto un bonito duelo entre Mas, Gall, Roglic y Carapaz. Además también hay que
destacar el dominio de Visma en las etapas al sprint y ratoneras que ha habido
con 7 triunfos en total, 5 de Matthew Brennan (el nuevo Cavendish) y 2 del gran
Wout Van Aert que ha dado un espectáculo tremendo siendo el ciclista más
combativo de esta edición metiéndose en todas las fugas, disputando el maillot
verde de puntos que se lo ha llevado, lanzando a su compañero Brennan en los
sprints y ganando como viejo zorro que es en etapas ratoneras como Loja y
Córdoba.
Atisbamos un rayo de luz
cuando en la etapa que terminaba en Castellón, la sexta etapa, Enric Mas le
pasó como una exhalación a Tadej Pogacar en la cima de El Bartolo. No dábamos
crédito a lo que veíamos. Pensábamos que era un espejismo. Nadie le había bailado
en los últimos tres años al esloveno desde los Tours ganados por Vingegaard en
2022 y 2023. Un rayo de esperanza se abrió en la afición española. Sin embargo,
el esloveno mandaba cuesta arriba. Una vez el esloveno fuera de combate, Enric
Mas impuso su dominio con un triunfo en el Alto de Aitana. Ahí confirmó su
reinado y no se vió reducida su diferencia en la temida contrarreloj de Jerez
de la Frontera donde solo perdió 30 segundos con Primoz Roglic. A destacar la
clase, profesionalidad y combatividad de un hombre como Primoz Roglic, ganador
de 4 Vueltas y que ha competido hasta el final por conseguir su quinta Vuelta.
Ha quedado segundo en el podio. Magnífico Roglic.
También destaco la actuación
del austríaco Felix Gall, el único ciclista de este año que ha hecho top 3 en
dos grandes Vueltas. Fue segundo en el Giro detrás de Vingegaard y tercero en
la Vuelta. Grande también Felix Gall.
En definitiva ha sido una
edición emocionante con un resultado inesperado pero totalmente justo. El bueno
de Enric ya tiene por fin su gran vuelta en su palmarés tras varios intentos
tirando al larguero siendo segundo (2018, 2021, 2022) y tercero (2024). Se hace
justicia con un ciclista combativo, luchador y con mala fortuna hasta ahora.

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