Roy Batty

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martes, 5 de diciembre de 2017

Manuel Marín

La vida tiene estas cosas. De pronto la actualidad te aporrea de forma fulminante con noticias tristes. La muerte de Manuel Marín es una de estas noticias impactantes. En estos tiempos donde en este país reina la mediocridad más absoluta y vulgar en la política, conviene recordar que de vez en cuando hubo algunas personas brillantes e inteligentes que sembraban su sapiencia en el mundo de la política. Este señor fue uno de los artífices de la entrada de España en la antigua Comunidad Económica Europea.



Manuel Marín era ciudarrealeño. Con insultante juventud, 28 años, fue diputado en las primera legislatura de la democracia y posteriormente en 1979 y 1982, siempre elegido por la circunscripción de su provincia, de Ciudad Real. Tras el triunfo del PSOE en 1982, fue nombrado Secretario de Estado para las Comunidades Europeas y desde ese puesto fue uno de los artífices de las negociaciones para la entrada de España en la CEE. Recuerdo alguna foto suya al respecto durmiendo tumbado en una silla y con los pies estirados tras una jornada de arduas negociaciones. Fue uno de los que firmaron el Acta de Adhesión de España en aquel día de junio de 1985 en el Salón de Columnas del Palacio Real junto a Fernando Morán y Felipe González.

Desde entonces desarrolló una carrera en las instituciones europeas, concretamente en la Comisión, como comisario llegando a ser vicepresidente con Delors y Santer, e incluso presidente en funciones de dicha institución en 1999. A raíz de ese año, volvió a España a la política nacional y volvió a su provincia, a Ciudad Real, a ser candidato a diputado al Congreso. 

Tuve la suerte de conocerle personalmente en un acto de precampaña en febrero de 2004, previo a las generales del 14 de marzo de 2004. Yo ya conocía su trayectoria y su legado. Este hombre en el año 1977 se recorría todos los pueblos de la provincia de Ciudad Real haciendo campaña y ya demostraba dotes de brillantez, sentido común y sapiencia que le han acompañado siempre.

En esa visita de precampaña, recuerdo que ese día teníamos pleno para elegir la composición mesas electorales y no pudimos recibirle a su llegada al pueblo. Venía junto con una jovencísima Isabel Rodríguez, que era candidata al Senado. Les recibieron dos compañeras no concejalas y estuvieron paseando, charlando y tomando algún que otro café por los alrededores. Las compañeras que gozaron de esos momentos destacaban su sencillez, su trato afable, cercano donde veías que tenía una inteligencia poco común en un mundo tan mediocre como la política. Posteriormente, en la rueda de prensa y acto en sí, tuvimos la ocasión de gozar del saber de un hombre sabio, docto, instruido y curtido en mil batallas. 

Después llegaría su presidencia del Congreso en la legislatura 2004-2008, primera del gobierno de Zapatero. Dada su formación y su experiencia en Europa, trató de ser un presidente independiente que quiso reformar el anquilosamiento sepulcral del Congreso pero encontró más trabas que nada. En 2008 anunció su retirada dedicándose decía a la lucha contra el cambio climático. Y ahí le perdimos la pista.

Las mentes brillantes e inteligentes suelen durar poco en política. Ya he puesto anteriormente el ejemplo de José Borrell. Manuel Marín fue un gran político que por muy alto que estuviese y estuvo (como presidente de la Comisión Europea) nunca perdió sus raíces, ni olvidó su provincia, volviéndose a patear cada uno de los pueblos de Ciudad Real impartiendo su magisterio y su sapiencia.

D.E.P. Manuel Marín




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